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La Malinche, la mujer bilingüe

Acabo de terminar de leer el libro “UNA PATRIA SIN MADRE” de Elisa Queijeiro, este libro busca hacer una reflexión muy interesante sobre la verdadera historia de Marina “La Malinche “ madre del mestizaje y de los mexicanos.


Una mirada distinta a la que todos conocemos como: la traidora, la que se enamoró del extranjero, la que entregó a su pueblo y “la chingada” como la nombró Octavio Paz, y de donde surge el término “la malinchista”; todos estos atributos que nos hacen “hijos de la chingada”, una nación con una herida muy profunda de traición y orfandad por elección: “sin madre”.


Esta lectura muestra una mirada distinta de la historia con la única intención de que como mexicanos logremos reconciliarnos con la madre de nuestra patria y por supuesto,  con nuestra historia.


De lo anterior, lo hablo a detalle en mi video de YouTube de Una Mexicana Opinando.


En esta redacción me quiero detener a hablar sobre la mujer bilingüe, que le permitió cambiar su destino solo por ser la intérprete de Cortes y los líderes indígenas.


Se cree que Marina en su niñez tuvo una buena educación, y debido a su orfandad de madre fue regalada hasta terminar como esclava de los mayas, pero desde pequeña aprendió dos lenguas: el popoluca y el náhuatl.


Ella tenía el don de la palabra, tuvo la facilidad de aprender otras lenguas a través de su historia de vida.


Cuando los conquistadores llegaron a la península y los mayas perdieron la batalla contra los forasteros, ellos entregaron a Marina como una ofrenda de “perdón” junto con otras 20 mujeres, convirtiéndola en su sirvienta, pero esta vez  de los extranjeros.


La regalaron, la diferencia es que ahora su habilidad la colocó en una situación privilegiada al resto de las esclavas, ya que aprendió en pocos meses el castellano.


Cortes vio en ella la traductora, pero no cualquier traductora, una que usaba el lenguaje de la nobleza, que la hacía ser escuchada.


El estatus social siempre ha existido y en ese tiempo la diferencia entre los indígenas lo podías ver en el uso de la lengua y la vestimenta; ella entendía esos códigos; y su pasado como esclava no le favorecía, por lo que cambio su forma de vestir usando el huipil de la nobleza y hasta calzado como los conquistadores. Pero no solo eso, sabía comunicarse correctamente, lo que le abrió un puerta de oportunidades que supo usar con el tiempo a su favor.


Mientras viajaba junto a Cortes ella se volvió en la voz y fue ganando respeto entre todos, nadie consideraba que era una traidora, sino todo lo contrario: era la mujer que podía comunicarse con ellos y usaba sus dones al servicio de todos.


Marina al ser bilingüe, la traductora entre dos mundos se volvió en puente de comunicación de lo inevitable: La Conquista.


Con el tiempo ganó el respeto de Cortes, y si bien tuvieron un hijo juntos de nombre Martín, ella no se enamoró de él y él tampoco de ella; pero ella sabía que necesitaba proteger su futuro, por lo que le pidió que la casara con uno de sus Capitanes, y él la apoyó. No le negó nada, ella ya se había ganado su respeto. Incluso él la menciona en las cartas que enviaba a la Corona española, como la mujer que le ayudó a comunicarse con los hombres del nuevo mundo.


Fue así que juntos, Marina y Cortes eligieron a Jaramillo como su esposo. Cortes pagó el dote de Marina, básicamente ella pudo elegir con quién casarse,  un privilegio único en su tiempo.


Marina fue reconstruyendo su historia, la dignificó y fue una mujer muy próspera. Marina, madre del mestizaje, que a través de su inteligencia, su paciencia y honorabilidad pudo pedir lo que merecía y lo más importante: CAMBIAR SU HISTORIA, de esclava a una mujer de la nobleza.


Ser bilingüe fue su fortaleza, nuestra herencia como hijos de Marina. Ser navegantes, migrantes en búsqueda de nuevas oportunidades como Cortes, el padre. Ambos padres del mestizaje, de los mexicanos.


Hoy como mujer, migrante y en mi proceso como bilingüe, veo la herencia de la madre y del padre en todos los mexicanos que migramos, que tuvimos que aprender un nuevo idioma para reinventarnos y cambiar nuestra historia.


Y si, quizá somos hijos, pero de La Chingona!


Para lograr la reconciliación con la madre estamos obligados a conocer la historia, y sin duda les sugiero leer el libro y no perderse los detalles.


 
 
 

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